Perdida en idas y venidas.

¿Cómo será despertar una mañana sin preguntarme quién soy? Que al mirarme en el espejo lo sepa sin sentirme como una desconocida perdida en una multitud de gente que grita y busca ayuda.
¿Cómo será transcurrir un día con alegría? Sin imaginar precipicios donde sólo encuentras un verde césped y personas que te esperan con los brazos abiertos.
¿Cómo se sentirá tener compañía luego de pedir estar sola? Y que me repitan aquella palabrería bonita, que me regalen sonrisas para utilizarlas cuando ya se hayan acabado las mías. Pero que me regalen sonrisas, las suficientes para tomar la iniciativa de ir desechando de a poco las lágrimas que no necesito.
¿Cómo será sentarme una tarde bajo el atardecer y escribir mientras sienta algo opuesto a mi profunda tristeza? Y que mis ojos se vean rojizos reemplazando así su color tristeza y nostalgia como quien ha pasado años esperando aun sabiendo que no existe ese regreso. No existe otro regreso pero sí el mío, que intento volver a mí luego de perderme en noches de sollozos, en caminatas a solas, en idas donde me he dejado ir y en lugares donde he maldecido en voz baja por no encontrarle en ninguna parte. A quien me recordaba cuál era el camino a casa en la vía que trazaban mis besos desde su cintura hasta su boca. Ahora no tengo a donde ir.

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