// De algunas cosas malas en mí.

Ojalá pudiese ser capaz de hablar más, de gritar y reír, de bailar y beber.
Ojalá pudiese encender mis ojos y sonreírte con miradas, no sentir ganas de querer ir a llorar en la cama.
Ojalá pudiese confiarte todos estos pensamientos que me oscurecen, me enloquecen.
Ojalá pudieses limpiarme de todo lo malo que siento, aclararme de a poco, quedarte a mi lado en las noches para asegurarme que no tendré pesadillas otra vez porque si estás conmigo creo estar bien.
Ojalá pudieses salvarme, no dejar que piense en abandonarte, de buscar maneras para terminar mi vida en un instante. Ojalá no sintiera esa desesperación y ansiedad o esa cobardía y debilidad.
Ojalá pudieses entenderme y, por encima de esta locura (o, mejor dicho, tortura), quererme.
Ojalá pudiese decirlo y llorarlo frente a ti; Que no sé quién soy porque he caminado por tantos lugares donde he quitado algunas partes de mí y ahora tengo tanto vacío disfrazado de cicatrices que, si no es mucho pedir, quisiera que dibujaras un mapa para encontrarte. Porque me pierdo y te pierdes, pero no nos perdemos juntas.
Ojalá pudiese ser alguien de quien te puedas enamorar, quien es feliz sin importar lo que está mal. Pero yo no puedo, tampoco lo intento.
Ojalá pudieses conocer realmente quien soy cuando no estoy cerca de ti y estoy triste o molesta, dispersa o cansada.

Ojalá no huyas antes de que yo lo haga, porque así soy; Me alejo de lo que quiero.

Pero...
Ojalá pudieses conocerme cuando me siento alegre, en calma, libre.
Cuando hablo con entusiasmo y hago chistes sin sentido que me divierten,
Cuando canto, bailo, salto o escribo, dibujo o busco qué fotografiar. 
Ojalá pudiese mostrarte las cosas buenas que hay en mí, que sepas que no sólo sé sufrir.


Sólo... Ojalá.

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