I write. You exist.

Cada día es una lucha aunque no quiera o no tenga razón para hacerlo. He peleado en contra de mis pensamientos y mi ira y he intentado dibujar la estabilidad emocional que perdí [o nunca tuve]. Pero he intentado. De la misma manea en la que lucho contra ti y esa mirada que me llama, tu sonrisa dándome las gracias, y tú.
Tú. Que me creas una guerra por dentro. 
De pronto no sé de qué escribir; porque si te pienso perderé y te convertiré en mi ficción, en mi mundo utópico, en un personaje que –creerán– no existe. Pero sí.
Sí existes.
Existes y pareces el libro de poesía que dejo reposando sobre la cama antes de salir para, al volver, leerte, repasar con calma cada página, tocar a penas con la punta de los dedos los versos, sentir llenarme de ellos e inspirarme.
Existes como el cielo despejado luego de una lluvia violenta; o como la misma lluvia después de una sequía que duró meses.
Existes, para mí, de dos maneras: Tan real cuando te miro y me enamoro o tan ficticia cuando te imagino conmigo recorriendo las calles de Madrid sin conocer nada ni a nadie, perdidas; Tú en lugares que no aparecen en el mapa que habremos hecho; Yo en ti con ese tono de voz lleno de preocupación, buscando el camino por donde vinimos, volteando a todas partes. Pero siempre en ti.


¡Existes! Y ahora no desaparecerás porque, cuando he prometido no escribir de amor, te he escrito a ti luego de besarte a solas. Ahí creí que se inventaron los versos, que nació la poesía. Que exististe tú. Y que he revivido yo.






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