The hunter fell in love with the wolf.

Él solía alejar a todo el que se le acercara, no quería verse obligado a tener que confiar en alguien y contarle sus oscuros secretos del pasado, los cuales aún estaban presentes. No quería dar a conocer lo que era. Llevaba consigo un dolor inmenso en el pecho del que no podía deshacerse.

Cada noche cuando la luna llena era lo único visible en el cielo, sin poder evitarlo, el dolor lo transformaba; eran horas de sufrimiento hasta que finalmente ocurría. Era un lobo tan fuerte que ningún cazador podía con él, tan veloz que antes de que fuese apuntado con un arma corría contra ellos hasta derribarlos saliendo victorioso y, sin embargo, no sentía satisfacción por ello, no le gustaba herir a nadie. Pero no tenía más opción, era herir o ser herido. Se había vuelto, entonces, una rutina que no le divertía en lo absoluto, no veía el fin. 

En la última noche cuando estuvo cerca de herir a un nuevo grupo de cazadores, uno se detuvo justo frente a él sin ninguna expresión de terror, su corazón latiendo con normalidad mientras los demás huían llamándole. No se movía de allí. Sin importarle los riesgos, daba pequeños pasos para acercarse al lobo y, una vez que estuvo a sólo centímetros, acarició su espalda. El lobo estaba… ¿sorprendido? No lo sabía, porque nunca antes alguien se había acercado de esa manera, no para acariciarle; Siempre asustaba a todo el que estuviera a su alrededor, huían de él, pero aquél no lo había hecho.
El viento voló el sombrero del cazador soltando su largo cabello castaño hasta la cintura, dejando descubierto ante la luz de la luna sus ojos verdes, siendo hechizado ante su belleza. Era una cazadora y, para los ojos del lobo, era la más hermosa que había visto alguna vez, de la misma manera que era lo peor. Ella arruinaría su vida devolviéndole la humanidad que había perdido.
Ambos sintieron que no podían herirse, al contrario; debían protegerse el uno al otro. 

Él, por primera vez, no quería alejar a alguien de su lado, quería cuidarla, mantenerla allí y que no lo dejase como todos lo hacían. 
Ella tenía la sospecha de que aquél lobo había sufrido desde hace mucho tiempo, razón por la que quería curarle el alma, porque sabía que no era malo y no era aquél monstruo que demostraba. Quería que recuperara la confianza y sus expectativas de vida. 

Se habían enamorado al instante. Ella, de su dolor. Él, de la esperanza que le transmitía. 


…Y fue así como el cazador se enamoró del lobo.

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2 comentarios:

  1. Hola Dani, ¿te puedo llamar asi?
    La idea es hermosa y espero que te animes a continuarla. Cuenta conmigo para seguir leyendote. Explora todas las posibilidades y arriesgate a seguir. Un beso. MONICA.

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    1. Por supuesto :).
      ¡Muchas gracias! Aprecio tu comentario y el tiempo que dedicaste en leerme.

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